Nueve velas sagradas, flores silvestres, el aroma a incienso de copal y mirra, y el sacrificio de una gallina y un pavo como ofrendas. No se trata de un relato antiguo, sino de una ceremonia que se sigue practicando hoy, en lo más profundo de las montañas de Intibucá. Es la «Compostura a la Madre Tierra», el ritual más sagrado del pueblo Lenca, un acto de agradecimiento y reciprocidad con la tierra que les da la vida. Ser testigo de este evento es un privilegio; ser invitado a participar es un…